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Policiales. Caso. Prisión preventiva para chofer de ambulancia y panadero, acusado de intentar asesinar a una docente


Para la investigación, la engañó con una compra de lavandina. Asumiéndola muerta, la abandonó y la despojó de $ 50.000.


La jueza notificó a las partes de su decisión con una extensa argumentación.

 

La jueza de la ciudad de Añatuya, General Taboada, Gladys Liliana Lami, dictó la prisión preventiva de Cristian Maximiliano Mansilla de 27 años, a quien la Fiscalía atribuyó el brutal ataque a una docente y comerciante del Bº Los Álamos, Selva, Rivadavia, sólo con el propósito de despojarla de $ 50.000.

“Homicidio críminis causa en grado de tentativa” y “robo simple en concurso ideal de delitos”, son los cargos enrostrados por la fiscal, Cecilia Rímini, a raíz de una compleja investigación, cuya víctima resultó Adriana Bedú, de 51 años.

Según la hipótesis de Rímini, el 6 de abril del 2020 Mansilla se presentó fácilmente en tres ocasiones en busca de lavandina, producto que adquirió en la tercera oportunidad por un precio de $ 600.

“Desplegó todo un ardid certero y premeditado para atacarla”, subrayó la magistrada en su resolución de la víspera, notificada a las partes. “Le asiste razón al ministerio fiscal al fundamentar que no hubo lucha entre Mansilla y la víctima”, acotó la jueza Lami en su fallo.

De acuerdo con la investigación, esa mañana “el chico del hospital vino a la despensa tres veces”, relato textual de la víctima ante la policía, semanas después de despertar y evolucionar en un centro de salud.

En la última ocasión, la habría sorprendido de atrás y sometido a una cruel tortura que dejó a Bedú en un charco de sangre. Para los expertos, Mansilla la asumió muerta. Acto seguido, ingresó a una de las habitaciones, se apoderó de $ 50.000 y escapó.

Gravísimas heridas

Cerca de las 12, una amiga e hija descubrieron a Bedú muy grave tirada en el piso. La socorrieron y al día siguiente los médicos informaron que la paciente sufrió “traumatismo con pérdida de conocimiento, fracturas múltiples de cráneo en región parieto occipital, hematomas en ambas regiones oculares y traumatismo cerrado de tórax”.

Rápido, los efectivos de la Seccional Nº 34, de Selva, salieron a las calles y al menos media decena de testigos señalaron haber visto a Mansilla a 30 metros de la despensa de Bedú.

Obtener el resto de las piezas del rompecabezas fue potestad de la fiscal Cecilia Rímini, quien el 14 de abril logró la detención (ordenada por la jueza Lami) de Mansilla, único sospechoso del intento de asesinato de Bedú.

Desde ese momento, el joven permanecía tras las rejas y continuará en esa condición hasta el juicio oral.

Lo vieron fuera de la despensa nervioso e intentando ocultarse

En su extensa resolución, la jueza destacó los relatos de numerosos testigos, sobre los cuales la fiscal Rímini cimentó su estrategia preventiva.

Por ejemplo, una vecina de Bedú declaró que ese día pasó por frente de la casa de ella (a las 8.30). “La saludé. Estaba parada atrás del mostrador tomando mate. Ella me dijo: ‘Buen día’”, indicó la testigo. Retornó a los 10 minutos y vio a Mansilla en la cuadra de la víctima y frente a una peluquería.

Mansilla lucía una campera negra de cuero, jean negro y zapatillas. Hablaba por teléfono detrás de una planta y se escondía, ahondó. Según la testigo, Mansilla tal vez se ocultaba de los cuñados, a su vez hijos de su patrón y dueño de la panadería en la que el imputado trabaja.

La mujer profundizó que Mansilla giraba junto a una planta y cuando lo saludó, él no le respondió y para la testigo, el detenido no hablaba por teléfono.

Otra testigo señaló que vio a Mansilla a las 8.40 desde la ventana. Explicó que el hombre llevaba un barbijo blanco, remera y pantalón negro. Lo notó nervioso, caminaba de un lado a otro y cambiaba de rumbo, en dirección hacia la casa de Bedú.

Un chofer de ambulancia afirmó que esa mañana pasó frente a la despensa de Bedú. Eran cerca de las 8 de la mañana. “En la puerta estaba Mansilla, de guantes y con barbijo y el negocio estaba abierto”. El hombre se cruzó con Mansilla. Mientras intentaba trasladar a la docente y víctima al hospital de Selva.

“Cristian, ¿eras vos el que estaba parado en el negocio cuando pasé?”, declaró el testigo, pero Mansilla respondió: “Estás loco, me habrás visto ayer”. Ello no era posible, ya que los domingos todo el comercio está cerrado.

Revelaron que solía cambiar cheques

La investigación habría establecido que Mansilla también frecuentaba algunos comercios, con quienes intercambiaba cheques.

Ello generó inocultable desconcierto entre los investigadores, ya que hasta allí Mansilla no era situado en el rubro cheques, ni por él, ni en representación de terceros.

De Mansilla sólo se sabe que trabajaba en el nosocomio y como panadero en el local de su suegro, un reconocido comerciante de Selva.

Desde que estalló el incidente, Mansilla prefirió aferrarse al silencio y su defensa sólo se limitó a afirmar que su cliente no atacó a Bedú, contra los diversos testigos proveyendo horarios y detalles de lo contrario.

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